Crónica del Viaje a mi esencia. Segunda etapa. Episodio V.
Al final la cigüeña recuperó su norte y justo una semana después de mi último post, un nuevo tripulante, en condición de grumete, vino a instalarse en nuestro barco. Son ya más de cinco meses los que navegamos juntos los tres sin novedades significativas.
La travesía que empezó un día como necesidad catártica, que continuó como experiencia vital, es ahora, de nuevo, necesidad necesaria, si me permitís la expresión.Este viaje que era a mi esencia, y, que de algún modo, sigue teniendo ese destino, es también ahora el viaje para la realización de un proyecto. El grumete que se ha montado en nuestro barco es sólo un proyecto de marino al que habrá que enseñar a leer las coordenadas de las cartas de navegación, a distinguir los buenos de los malos vientos, las débiles brisas de los alisios. Habrá que enseñarle a diseccionar el firmamento nocturno y encontrar allí el rumbo que quiera trazar. Hasta el día en que, en cualquier puerto, abandone nuestro maltrecho barco y se agencie el suyo para navegar en solitario.
La cigüeña ha estropeado su GPS
Llevo 2 semanas, 14 días, 98 horas… esperando y desesperando. Entiendo que estas cosas son como son, que no todo se puede calcular matemáticamente, que las cosas buenas se hacen esperar, y…. toda la retahila que querais añadir de topicazos sobre la cuestión, pero, lo cierto, es que mis terminaciones nerviosas están especialmente excitadas, mi ánimo estropeado, mi salud medio quebrada, mi cordura desatada. Sólo se me ocurre que la cigüeña haya estropeado su GPS. Seguro que la cigüeña se ha montado en esto de las nuevas tecnologías, ha atrofiado su particular instinto de orientación, y confiada a los nuevos cacharritos que nos solucionan la vida, se ha comprado un tomtom que se le ha estropeado y lleva dos semanas buscando mi casa con mi hija en su bolsa sin encontrarnos. A ti “Madame la Cigogne”, (viene de París, ¿no?), si tu GPS no funciona como debe, dale una patada, recupera tu instinto y preséntate en destino, que los destinatarios del paquete que te cuelga del pico andan bastante desnortados, atolondrados, medio-esquizofrénicos, algo paranoicos, angustiados, especialmente excitados, con los nervios n ya a flor de piel, sino sobre la misma directamente instalados. A ti, “Madame la Cigogne” hazme, haznos y hazte el favor de presentarte ya que mi supervivencia anímica depende de que encuentres el rumbo a la mayor brevedad posible. Pero venid rápido aunque serena, firme y sin tropiezos. Esquivad, si los hubiere, los árboles del camino, no os entretengais con las parlanchinas urracas que os quisieran demorar con su inextricable perorata vacía, nos querais acercaros al sol cual Ícaro trasnochado y trasnochador. Llegad firme, segura, como debeis y sabeis, y, os lo ruego, llegad ya.
Crónica del Viaje a mi Esencia. Segunda etapa. Episodio IV.
En el viaje que emprendí hacia mí mismo y que, en más de 2 años de trayecto, me ha llevado a encontrarme con otros, antiguos y nuevos, y, que por añadidura, me ha hecho encontrar al otro en mí, para mí, conmigo…… En ese viaje sinuoso de destino definido pero rumbo incierto, un nuevo “otro”, otro “alter”, inesperado, impensable al inicio del camino, está a punto de aparecer. De todos los “otros” (aquellos que no son yo) con los que me he ido encontrando en la travesía hacia mi esencia, éste que está por aparecer es el más desconocido de todos. Antes de conocerlo ya lo siento pegado a mí. Antes de que sea ya lo sueño en mil maneras. Antes de empezar a ser proyecto ya hay diseños sobre él. Pero antes que todo ya lo amoy empiezo a entender que mi viaje habrá de variar su rumbo manteniéndolo al tiempo, porque ese “otro” al que ya espero habrá de hacer variar mi esencia de modo tan esencial que siendo el mismo ya no lo será. Y es que desde pronto, lo que fue mi vida convertida en travesía existencial compartida, será más compartida todavía. Nuestra vida emepezará a ser más “suya”, y en esencia, mi esencia variará. Y es así que manteniendo el destino, el rumbo, necesariamente, habrá de variar.
Un nuevo cuerpo celeste está próximo a aparecer en este pequeño universo. Lo definiría como un pequeño satélite orbitando alrededor de nuestro pequeño planeta lila-azul, pero creo que más que un satélite será un nuevo elemento llegado directamente al planeta, cual meteórito, pero con la intención de integrarse en la estructura vital del mismo. Un nuevo elemento que vendrá a añadir el verde claro de la hierba fresca que en su nombre lleva.
Crónica del Viaje a mi esencia. Segunda etapa. Episodio III.
Es, sin duda, la pereza, uno de mis más graves delitos intelectuales, y más concretamente la ausencia de voluntad para obligarme a escribir y crear sin esperar la presencia siempre caprichosa de la inspiración. llevo días, semanas, esperando a que algún golpe de viento me traiga las palabras exactas, suficientemente brillantes y no demasiado pedantes, para arrancar esta entrada. Bueno, pues, aun no ha girado el viento en el sentido que esperaba. Ha sido mi conciencia, en ocasiones presente y comprometida, la que me ha puesto frente al teclado a cumplir con la obligación de empezar a narrar este episodio tercero.
Ésta es la transcripción del sms que hace poco más de un mes envié a mis más cercanos amigos, a aquellos que llamo estrellitas:
“Si el predictor se tiñe de rosa,
y dos rayitas son testigo,
es que bajo el ombligo
de mi esposa,
una nueva vida se gesta,
nuestro corazón está en fiesta,
porque somos elegidos
para un nuevo ser dar abrigo.
Y aunque la prudencia
obligue aún al silencio,
como cño no os cuento
que empezamos a ser tres.”
Efectivamente, tras releerlo unas cuantas veces llego exactamente a la misma conclusión que tú, querido lector, …. ¡Hay que ser pedante y ñoño!
Bueno, pero esa es la manera en la que anuncié que en este barco con dos tripulantes que son a la vez capitanes y marineros, estaba a punto de embarcarse un nuevo marinero. Alguien a quien enseñar las leyes de la navegación. Alguien a quien guiar a través del complejo arte de orientarse en este poroceloso océano de la vida. Alguien a quien mostrar las verdades aprendidas y los errores cometidos. Y todo eso cuando aun no sé si sé navegar solo. Cuando aun no sé si soy capaz de gobernar esta nave sin destrozar la quilla ni hundirla.
20.000 visitas de viaje internáutico.
Permitidme parafrasear a Jules Verne en el título de este post para agradecer a todos los que alguna vez habéis detenido vuestros ojos y vuestro ratón en estas páginas virtuales. Gracias por las 20.000 visitas. Sigue sorprendiéndome cada día la cantidad de visitas que aparecen. Y, aunque, empiezo a entender un poco como funciona el recuento de visitas y probablemente, muchas no lo son realmente, sino simplemente llamadas de buscadores, me alegra regocijarme en la idea de que muchas personas han leído estas reflexiones a vuela pluma.
En agradecimiento a todos los ojos que se han detenido en este pequeño espacio confesionario de mi viaje y a las almas que sueñan tras ellos, os dejo una de las canciones que sirvieron para la exégesis personal que inicié con este viaje. “A contratiempo” de Revólver.
GRACIAS
Crónica del Viaje a mi esencia. Segunda etapa. Episodio II.
La inconsistencia de mi voluntad, la siempre recurrente pereza, la sequedad de ideas,o la vertiginosidad de los acontecimientos y de los “urgentes” a los que acudir, podrían ser las consabidas excusas con las que podría empezar mi retrasadísimo informe de ruta, pero, me prometí ser sincero, así que la excusa, o en este caso sólo explicación de la tardanza en escribir este episodio II es…. simplemente que no he querido. Lo he intentado unas cuantas veces, y aún ahora, con ya algunas líneas escritas sin decir nada, todavía no sé si ésta será la buena. Por si lo fuera… allá va.
El viaje continua sin atender demasiado a rumbos prefijados. Cada día el rumbo ha de trazarse sobre la marcha, y yo me veo con cierta desazón, rompiendo cartas de navegación y dibujando otras nuevas. En algún momento aprenderé que las cartas de navegación de este viaje no están dibujadas, pero parece que aun me cuesta. Mi espíritu calculador y razonador me impone ciertos parámetros que parecen complicar un poco la navegación. Mis instrumentos, en ocasiones, parecen no funcionar adecuadamente y tras recalibrarlos con nuevas coordenadas, vuelven de nuevo a no querer funcionar como se les supone debieran. A pesar de que todo esto podría ser descorazonador, no lo es en absoluto, sino que tras cada momento de turbación, la comprensión de que hay que reescribir las rutas y redibujar los mapas con coordenadas nuevas y no dando por supuesto ninguno de los pilares de la geometría espacial aprendidos, se abre un nuevo horizonte que invita al optimismo.
La volunta de continuar con el corazón desnudo y el alma en cueros, sí es firme. En ocasiones vicios atávicos pretenden atarme, pero las pupilas que me contemplan, en ocasiones con delicadeza, y otras bastantes, con la dureza necesaria, me ponen ante mí para descubrir y reconocer esas lianas estúpidas que vuelvo a romper y desatar. Sigo tumbando muros de vergüenzas e insensateces, pero, la fuerza de la costumbre hace que ya no los vea como tales. Aunque todo cambia, todo sigue igual, y en este caso, es una auténtica bendición.
Por otro lado constato que me hago mayor, y no digo que me hago viejo, que también, (inevitable ley biológica). Digo que me hago mayor, como el niño que dice que quiere ser mayor. Pues eso, me hago mayor, voy dejando al niño intentando no perder en el camino la inocencia, ingenuidad y capacidad de sorpresa del niño que sigue habitando en mí.
La mentira y sus efectos medioambientales
En esos frecuentes y breves desplazamientos en coche que debo afrontar cada día para intentar acudir puntualmente a mis numerosas obligaciones, , hallo, en el recinto estanco de mi vehículo, el santuario idóneo para las reflexiones más peregrinas. Ayer una idea me vino a la cabeza, que, por lo alocada y estúpida que parecía, me mereció la pena dedicarle un ratito.
Se me ocurrió pensar que si las personas no mintiéramos jamás, si nuestra palabra fuese siempr perdurable, si cada “sí” fuese siempre y contra todo un “sí”, si cada “no” fuera invariable, podríamos confiar ciegamente y sin rastro de duda en la palabra dada o el testimonio oral de cada uno. Si esto fuese así, si la palabra o testimonio de cada cual fuese tan permanente e inmutable como inscri`pción grabada en piedraa fuerza de martillo y cincel,… ¿hemos pensado la cantidad de papel que podríamos ahorrar?. No serían necesarios contratos, nóminas, expedientes, recibos, facturas, albaranes, notas de entrega, correos certificados, tiquets de compra, registros de facturación, declaraciones de la renta, extractos bancarios, hipotecas, etc. Bastaría con la palabra dada. Sería un ahorro brutal de papel, y, en consecuencia, una reducción exponencial de la contaminación producida por las industrias papeleras y la desertización ocasionada por la tala de árboles para la producción de papel.
Reivindico la cultura de la verdad, del compromiso en la palabra entregada, como una nueva vía ecológica.
Quizá la cultura del contrato y el recibo, la cultura del papel, de la letra impresa y de la firma, nació desde la desconfianza en la palabra ajena. Quizá sea la cultura que acusa preventivamente al otro de mentir. Quizá una auténtica restauración de la confianza entre los hombres, amén de restauración ecológica, pase precisamente por el compromiso de mantener la palabra y la fidelidad a la verdad.
Crónicas del viaje a mi esencia. Segunda etapa. Episodio I.
La pereza, la vertiginosa actividad que, a mi pesar, me devora, y, fundamentalmente, la implicación anímico-existencial en los últimos acontecimientos vividos, me han impedido mantener actualizada la aventura con el alma en cueros. Pido perdón, si es que alguien se sintió molesto por no haber escrito con más regularidad. Vuelvo con ánimo de redención y compromiso de permanencia. Traigo compuesta la voluntad de mantener abierto este escaparate de mis desventuras y púlpito de mis reflexiones pedestres. Pero, al mismo tiempo, y queriendo ser siempre honesto, diré que, en mi caso, las voluntades decididas fueron casi siempre inconsistentes y los propósitos a largo plazo se me agotaron al instante siguiente. Así es que tampoco cabrá poner excesiva esperanza en que mantenga una actualización regular de mis estupideces, no sea que me venzan las prisas, la pereza, el desafecto o la incompetencia.
Desde el último post han pasado varias semanas y muchos acontecimientos. Ya, definitiva y legalmente, mi viaje es a dos y ya no es por tanto mío sino nuestro. Las cartas de navegación no las leo yo sólo y no guardo en mi bolsillo la brújula. De todo lo sucedido en el último mes no voy a escribir; prefiero, y disculpadme por ello, guardarlo como recuerdo compartido en la intimidad del tálamo. Sigo desnudo en lo existencial, pero mi desnudez más rotunda la reservo para mi compañera de aventura. Sigo a la búsqueda de mi esencia, pero ahora alumbramos con dos candiles la búsqueda diogénica de nuestras esencias. Yo la busco en la suya y ella en la mía, yo la encuentro en ella y ella en mí. Misterio insondable de la naturaleza humana. Misterio que hace crujir los fundamentos del individualismo salvaje contemporáneo reivindicando, que quizá, el hombre no es, sino que es para los otros. Pues su esencia no la halla en sí, sino en el otro, la realización de su naturaleza se hace realidad en su reflejo en los ojos del otro. Es la laguna como espejo de la profundidad del otro la que me muestra a mí en mi esencia. La insondabilidad del mar de la pupila enfrentada a la mía es la que me devuelve lo más escondido en mí: mi propia esencia inasequible e inasible para mi propia introspección.
Sesenta y seis semanas desnudo -5 días antes-
En el recuento semanal de la aventura de desnudez esencial y experiencial, alcanzamos hoy la sexuagésimo sexta semana. El viaje hacia mi esencia, sigue y seguirá por más que dure mi existencia. Desentrañar el epicentro de lo que soy para llegar al dicernimiento de lo que me hizo ser, es un camino para toda una vida.
Es extraño lo costoso y complejo que puede ser recuperar la esencia perdida de la infancia. Así somos quizá. Nos pasamos buena parte de nuestra vida intentando derruir las construcciones erradas que hicimos en nosotros mismos. Necesitamos tiempo y serenidad para permitir que nuestros errores no ensombrezcan ni oculten la esencia con que nos concibieron y parieron. Hay una gran verdad en aquello de ser como niños.
Lo cierto es que alcanzo en pocos días un puerto crucial en mi viaje existencial. A partir del sábado, aunque en el fondo quizá haga ya más tiempo, vincularé definitivamente mi existencia, mi peregrinaje por este mundo, a otra existencia. Uniremos caminos y destinos para configurar una única aventura, un nuevo libro con páginas blancas que escribir, si es posible, con tinta lila y azul.
Sesenta y cuatro semanas desnudo -20 días antes-
Sí, lo sé, me retraso, me retraso mucho. Ya sé que llego tarde, y lo que parece peor, puede que incluso sin ideas. Pero en mi descargo espero que me aceptéis que ando muy, pero que muy ocupado. Muy ocupado, muy gratamente ocupado en preparar un desembarco, una arribada a puerto en forma de boda para el próximo 13 de febrero. Y pertrechándome a la vez para desembarcar y volver a hacernos a la mar, esta vez ya no solo, sino en compañía. Con aquélla que lee mejor que yo las cartas de navegación y que maneja con maestría el astrolabio y el sextante. Espero que me lo aceptéis como disculpa en el retraso.
Por lo demás, ¿qué decir?, que mi aventura con el alma en cueros sigue siendo desnuda, y que pronto se me agregará otra alma inconsciente que ha decidido, como yo, hacer de la desnudez su bandera y compartirla con la mía.
Sesenta y una semanas desnudo -49 días antes-
La pereza intelectual me ha mantenido alejado de mis obligaciones para con este espacio virtual. El recuento ya no es semanal, sino ya casi mensual y se impone una disculpa a los visitantes que habríais esperado algo de actividad durante las fiestas. Alcanzamos pues la sexuagésimo primera semana terrestre de navegación.
Hace exactamente un año, escribía mi particular, desesperada y especialmente dramática, carta a los reyes magos. Al día siguiente les agradecía la deferencia de atender a mi petición. Hoy sigo guardando ese regalo que me procuraron. Básicamente porque me he empeñado en ello y porque la claridad mental, aunque esto va a sonar excesivamente creído incluso para mí, siempre ha sido una de mis mejores armas.
Con respecto al viaje he de decir que los vientos que silban entre los acantilados de la costa a la que nos acercamos, junto con las pequeñas e inesperadas rocas desprendidas de los mismos que van lastimando la embarcación, van complicando un poco la navegación. En las proximidades de arribar a puerto va siendo necesario aferrarse incluso con rudeza al timón para mantener el rumbo fijado. Pero el ánimo decidido y la voluntad consolidada son una buena ayuda en estos momentos. Es precisamente en los momentos previos a la llegada al puerto cuando más febril es la actividad a bordo, y cuando más inoportunos se vuelven los compromisos inoportunos e inesperados.
Cincuenta y ocho semanas desnudo -62 días antes-
Llego hoy puntual y a tiempo con mi cita semanal que sigue amenazando de convertirse en quincenal.
Sigo desnudo y con el alma en cueros. Y no negaré, que en estos días, es una empresa más arriesgada si cabe, porque empieza a hacer frío y mi resfriado recurrente ha vuelto a ocupar mi nariz. Además, hoy ha vuelto a llover y mucho, y, aunque no me he mojado esta vez, la lluvia vuelve a acompañarme.
En el horizonte se atisba ya la isla en la que desembarcaremos, y los preparativos para el atraque empiezan a hacerse a bordo. Han llegado ya noticias de nuestra situación en el puerto, y se agolpan los habitantes para asomarse a recibirnos. Todo parece ir preparándose para arribar a puerto. Pero, llegar a puerto es sólo el final de un viaje, que significa inevitablemente el inicio de otro. Un nuevo viaje en un nuevo bajel, sin puerto definitivo al que arribar.
Cincuenta y siete semanas y pico desnudo -40 semanas “a dos”-
Tarde, tarde, tarde, ……, siempre tarde. Tarde, como tantas cosas en mi vida, tarde llego de nuevo al recuento semanal que lleva camino de convertirse en quincenal.
Si digo que no me queda tiempo para escribir, supongo, que, a poco que hayais seguido mi aventura con el alma en cueros, no os extrañará en absoluto. Pero debo añadir la falta de inspiración como causa fundada de mi pereza y retardo en escribir. Eso de la falta de inspiración es un proceso cíclico y recurrente en mi vida, pero ya, por fin, lo he entendido, y no me preocupa. Sé que la sequedad creativa es el precedente de un tiempo febril de eclosión constructiva. No hay problema en eso.
El viaje continua con paso firme. El bajel que nos lleva avanza con velocidad, acosado por pequeñas tempestades intermitentes que consigue romper con su poderosa quilla a poco que se lo propone. Mi estabilidad emocional no se ve resentida más allá de lo necesario. Lo suficiente para recordarme que preocuparme es el mejor modo de conseguir eliminar, evaporar, hacer desaparecer las preocupaciones. El viaje hacia el puerto de la unidad nos lleva seguros, y en el cofre del vigía aparece ya en el horizonte. El timonel sigue mandando del barco con firmeza y determinación. en fin, que todo sigue igual, plácidamente igual, misteriosa y encantadoramente igual.
En esta semana hemos apreciado pequeños placeres como un paseo improvisado y dulce. Hemos concebido nuevos planes y adelantado algunos futuros, mientras seguimos añadiendo coordenadas a las cartas de navegación y escribiendo nuevos descubrmientos en el bitácora de a bordo.
Cincuenta y cinco semanas desnudo -38 semanas “a dos”-
De nuevo me vuelvo a retrasar más de lo deseado en mi sacrosanta obligación semanal de relatar los parámetros de mi viaje existencial. Disculpadme. En mi patética defensa diré que son semanas de tremenda actividad en las que intento llegar a todo. Sí, ya sé que debería haber aprendido que no puedo con todo, que he de seleccionar, pero…¿qué quereis que os diga?.. es otro de mis síndromes. Supongo que tendré que encontrar algún momento para relatarlo.
En lo existencial el camino iniciado sigue su ritmo. El tempo de la melodía bitonal empieza a acelerarse: del andante pasamos al allegro. El compás sigue siendo binario. Las cosas empiezan a precipitarse. Todo llega cuando debe, pero cuando debe es demasiado pronto. Pero asumimos ese compromiso, y aunque deje la vida en ello, que no será para tanto, todo se desarrollará según el plan trazado.
No zozobro en lo existencial, tampoco en lo esencial, pero el abismo aparece ante mí en lo organizativo, y mi mala costumbre de no pedir ayuda y querer hacerlo yo todo por mí mismo conmigo, me enerva en esta ocasión más de lo normal. Porque esta vez, y permitidme la expresión, no seré yo el que se quede con el culo al aire si no llego.
Me doy cuenta mientras escribo que quizá no debería haber empezado a hacerlo porque todo parece inconexo y poco meditado. Hubiese necesitado un rato para organizar las ideas antes de escribir, pero no me apetece. Disculpadme de nuevo.
Cincuenta y tres semanas desnudo -36 semanas “a dos”-
Superado el primer aniversario me debato en la diatriba de seguir escribiendo bajo el epígrafe contable de las semanas o dejar de hacerlo. De momento, y atendiendo a mi sempiterna indecisión, lo sigo haciendo.
Esta semana escribo con el demasiado habitual retraso con el que lo vengo haciendo. Podría acabar pronto y deciros que es una semana más navegando con el viento en la popa, pero no sería estrictamente cierto. En esta semana he perdido un pequeño objeto de inmenso valor por lo que contenía, y, además, ha sido en el peor momento posible. En mi antiguo ser excesivamente preocupadizo, eso me habría provocado largas noches de insomnio, pero en mi nuevo ser abierto no ha pasado de algunas horas de preocupación. La confianza depositada en el rumbo trazado me da una tranquilidad que no vale ningún pequeño objeto. También en esta semana he dado un importante paso, extrañamente con una naturalidad desconocida en mí, hacia mi nueva vida. Todo está ya en marcha, y es ya imparable.
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